Hacer campaña electoral sin vallas ni lechona, sin mercado ni bultos de cemento, sin votos negociados, es todavía, en la Colombia de hoy, una proeza a la que pocos se miden.

Las campañas para lograr o conservar una curul son como un maratón de “repetición de la repetidera”, que mal disimula la falta de idoneidad y originalidad. Lo de siempre son las vallas:entre más grandes, mejor; coloridas, con pocas ideas y sin originalidad. En donde sea; espacio público o privado; con o sin autorización. Pululan. Se ven, pero ¿se leen? Son factores de distracción que entorpecen más el tránsito vehicular. ¿Valdrán la pena estas costosas y cuestionadas vallas que hablan mal de los candidatos o candidatas que pretenden darse a conocer con refranes trillados y vacíos, con irrespeto a las normas de no contaminación visual, no invasión del espacio público y pago de autorizaciones e impuestos? ¿Qué se puede esperar de estas promesas de pantalla y discursos visuales? ¿Quién recuerda estos nombres y números al momento de votar? Si ni siquiera la gente recuerda quién fue “el político que repartió mercados”.

Las campañas novedosas son las que se proponen informar a la gente, dando motivos honestos y autónomospara votar por su candidato/a y recordar su nombre y número. Hay aspirantes que las aprovechan para dar a conocer y compartir ideas y propósitos, para educar; que buscan despertar y captar el voto consciente, dando a entender a cada elector que su voto es una responsabilidad personal.

Estos son hasta el momento los propósitos de candidatos y candidatas de la lista de la Alianza Verde para Santander, cuyos aspirantes a la Cámara de Representantes se unen buscando sumar esfuerzos y argumentos para que la lista logre el umbral y que el (la) que más votos tenga ocupe la curul que conquistó apostándole a la transparencia.

Invito a conocer sus planteamientos hoy a las 6 p.m. en el Club de Profesionales.

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